jueves, 6 de febrero de 2020

03. “LA NATURALEZA DEL ESPÍRITU: UN MISTERIO” I. LA VENIDA DEL ESPÍRITU.


El Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. (Juan 14: 17).
No es esencial para nosotros ser capaces de definir con precisión qué es el Espíritu Santo.  Cristo nos dice que el Espíritu es el Consolador, "el Espíritu de verdad el cual procede del Padre".  Se asevera claramente tocante al Espíritu Santo, que en su obra de guiar a los hombres a toda verdad "no hablará por su propia cuenta" (Juan 15: 26; 16: 13).
La naturaleza del Espíritu Santo es un misterio.  Los hombres no pueden explicarla, porque el Señor no se la ha revelado.  Los hombres que albergan opiniones fantásticas pueden reunir pasajes de las Escrituras y darles interpretación humana; pero la aceptación de esos conceptos no fortalecerá a la iglesia.  En cuanto a estos misterios, demasiado profundos para el entendimiento humano, el silencio es oro.

Se especifica claramente el oficio del Espíritu Santo en las palabras de Cristo: "Cuando él venga, convencerá de pecado, y de justicia, y de juicio" (Juan 16: 8).  Es el Espíritu Santo el que convence de pecado.  Si el pecador responde a la influencia vivificadora del Espíritu, será inducido a arrepentirse y a comprender la importancia de obedecer los requerimientos divinos.
Al pecador arrepentido, que tiene hambre y sed de justicia, el Espíritu Santo le revela el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.  " Tomará de lo mío, y os lo hará saber", dijo Cristo. 
 "Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he 
dicho"  (Juan 16: 14; 14: 26).

El Espíritu Santo se otorga como agente regenerador para proporcionarle eficacia a la salvación obrada por la muerte de nuestro Redentor.  El Espíritu Santo constantemente está tratando de llamar la atención de los hombres a la gran ofrenda hecha en la cruz del calvario, de exponer al mundo el amor de Dios, y de abrir al alma arrepentida las cosas preciosas de las Escrituras. Los hechos de los apóstoles, pp. 42, 43. RP

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