martes, 24 de julio de 2018

17. LIMPIANDO LA CASA. II. TRANSFORMADOS POR EL ESPÍRITU.

 
 
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. (Salmos 51: 10). 
"Crea en mí un corazón limpio". Este es un buen comienzo, dado que el verdadero carácter cristiano tiene su fundamento en los hechos que nacen en el corazón. Si todos, feligreses y ministros, estudiaran sus corazones con el fin de descubrir si es que están, o no, en armonía con Dios, veríamos mayores resultados en las labores que realizamos. Cuanto más importante, y de mayor responsabilidad sea la obra, mayor será la necesidad de tener un corazón limpio.

 Esta gracia imprescindible se provee para que el poder del Espíritu Santo apoye cada esfuerzo que haga el creyente tendiente a lograr ese propósito. Si cada criatura buscara a Dios en forma diligente, habría mayor crecimiento en la gracia y cesarían las disensiones. Los creyentes serían de una mente y un corazón, y la pureza y el amor prevalecerían en la iglesia. Somos transformados por la contemplación. Cuando más consideremos el carácter de Cristo, mejor reproduciremos su imagen.

 Ven a Jesús así como eres y él te recibirá, y pondrá una nueva melodía en tus labios para que puedas alabar constantemente a Dios. "No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu" (Sal. 51: 11). Tanto el arrepentimiento como el perdón son dones de Dios que recibimos por medio de Cristo. Gracias a la influencia del Espíritu Santo somos convencidos de pecado y sentimos la necesidad de perdón. Siendo que la gracia de Dios es la que produce contrición, ninguno es perdonado a no ser por la gracia del Señor que contrita el corazón. Puesto que conoce nuestras debilidades y flaquezas, Dios está dispuesto a ayudarnos. El oye la oración de fe; sin embargo, la sinceridad de la plegaria únicamente puede demostrarse si hay un real esfuerzo personal de vivir en armonía con la gran norma que prueba el carácter de cada persona. Necesitamos abrir nuestros corazones a la influencia del Espíritu y a la experiencia de su poder transformador. 

 La razón por la cual el creyente no recibe más de la asistencia salvadora de Dios, se debe a que el canal de comunicación entre él y el cielo está obstruido con asuntos mundanos, y porque prima el amor a la ostentación y el deseo de supremacía. Mientras algunos se adaptan más y más a las costumbres de este mundo, nosotros deberíamos amoldar nuestras vidas al modelo divino. Cuando seamos fieles al pacto, Dios restaurará la alegría de la salvación, y nos sostendrá mediante su Espíritu libre.- Review and Herald, 24 de junio de 1884. EGWRP MHP

jueves, 5 de julio de 2018

16. ORGULLO QUEBRANTADO. II. TRANSFORMADOS POR EL ESPÍRITU.

 
 
Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. (Romanos 12: 3). 
La aceptación de la verdad es uno de los medios que Dios utiliza para santificar. Cuanto más claramente la entendamos, y más fieles seamos en obedecerla, más humildes seremos en la estima propia. En consecuencia, más exaltado será el concepto que tendrá de nosotros el universo celestial. Cuanto menos egoístas sean nuestros esfuerzos en favor de Dios, seremos más semejantes a Cristo, y, como consecuencia, mayor será nuestra influencia para el bien. 

Hay una diferencia abismal entre el espíritu del mundo y el de Cristo. Uno conduce al egoísmo, que se afana por los tesoros que serán destruidos por el fuego en el día final, y el otro conduce al renunciamiento propio y a la abnegación para obtener los tesoros imperecederos. Cuando es recibido por la fe, el Espíritu Santo quebranta los corazones contumaces. Esta es la esencia del poder santificador de la verdad, la fuente de la fe que obra por amor y purifica el corazón. Toda verdadera exaltación nace de la humillación desarrollada en la vida de Cristo, y demostrada en el maravilloso sacrificio que realizó para salvar a los que perecen.

 El que es exaltado por Dios, primero se ha humillado a sí mismo. El Padre ensalzó a Cristo por sobre todo otro nombre, y sin embargo, al simpatizar con la raza caída, primero descendió a las profundidades de la miseria humana a fin de compartir su suerte con mansedumbre y bondad. De este modo, estableció el ejemplo que deben seguir todos los que desean participar en su servicio. "Aprended de mí -dijo el mayor de los Maestros que haya conocido el mundo-, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas" (Mat. 11: 29). 

 No es suficiente leer la Palabra de Dios. Nos fue dada para nuestra instrucción; por eso debemos investigarla con diligencia y cuidado. Hay que estudiarla comparando un texto con otro. Ella es la clave para su propia interpretación. Mientras la estudiemos y oremos, junto a nosotros estará el divino Maestro, el Espíritu Santo, para iluminar nuestra comprensión a fin de que podamos entender las grandes verdades de la Palabra de Dios.- Pacific Union Recorder, 23 de febrero de 1905. EGW RP MHP