miércoles, 30 de mayo de 2018

14. TRANSFORMACIÓN DE LOS GUSTOS. II. TRANSFORMADOS POR EL ESPÍRITU.


 En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, 
que está viciado conforme a los deseos engañosos. (Efesios 4: 22). 
Juan dijo: "La luz -Cristo- en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella... Mas a todos los que lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios" (Juan 1: 5, 12, 13). 

"La razón por la cual el mundo incrédulo no será salvo está en que no desea ser iluminado". La antigua naturaleza nacida de sangre y de los deseos de la carne, no puede heredar el reino de Dios. La desusada manera de ser, las tendencias heredadas y los hábitos cultivados deben abandonarse, de lo contrario, no seremos objetos de la gracia. "El nuevo nacimiento consiste en tener nuevos motivos, otros gustos y tendencias diferentes". 

Mediante el Espíritu Santo, todos los que sean engendrados para una nueva vida llegarán a ser participantes de la naturaleza divina, y manifestarán su relación con Cristo en todos sus hábitos y prácticas. El que pretende ser cristiano y mantiene sus propensiones y defectos de carácter, ¿en qué se diferencia de los mundanos? 

Si no aprecia la verdad que refina y santifica, no ha nacido de nuevo... Nadie imagine que su manera de ser no necesita un cambio. Los que piensan de este modo, no están en condiciones de incorporarse a la obra de Dios, porque no sienten la necesidad de procurar constantemente alcanzar normas más elevadas y realizar continuos avances. Nadie puede estar seguro, a menos que desconfíe de sí mismo y fije continuamente su atención en la palabra de Dios, estudiándola con un corazón dispuesto a descubrir sus propios errores, y captar cual es la voluntad de Cristo para que ella sea hecha en sí mismo, y por su intermedio, también en otros. Con sus hechos muestran que no confían en sí mismos, sino en Jesús. 

Sostienen y honran la verdad como sagrado tesoro capaz de santificar y refinar. Se preocupan constantemente de que sus palabras y hechos estén en armonía con esos principios. Su único temor y temblor es que algún resto del yo sea idolatrado y, de este modo, sus defectos sean imitados por otros que confían en ellos. Siempre están buscando subyugar al yo, y alejarse de todo lo que tenga vestigios de egoísmo que pueda desplazar la humildad y mansedumbre de Jesús. Miran a Cristo con el propósito de crecer en él, intentando captar su gracia y luz con el propósito de trasmitirla a otros.- Review and Herald, 12 de abril de 1892. EGW RP MHP 

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